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Tema 40: Historia del País Vasco en el siglo XIX

Policía Local del País Vasco · Agente de la Escala Básica (Udaltzaina)

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Epígrafe oficial

Historia del País Vasco del siglo XIX: periodo constitucional y restauración absolutista. Guerras carlistas: antecedentes, bandos, desarrollo y consecuencias. La abolición foral. Nacionalismo vasco: nacimiento y desarrollo.

Resumen

El punto de partida es la foralidad tradicional: Álava, Gipuzkoa y Bizkaia tenían en el siglo XVIII instituciones propias (Juntas Generales y Diputaciones), su derecho, su justicia y un espacio económico propio, con las aduanas en el interior. Durante la Guerra de la Independencia hubo vascos con José Bonaparte que participaron en la Constitución de Bayona (1808) y otros liberales, como los vizcaínos Francisco Eguía y Juan José Guereña, en las Cortes de Cádiz. La Constitución de 1812, promulgada el 19 de marzo por las Cortes generales y extraordinarias, configuró por primera vez el Estado liberal en España (Real Academia de la Historia), pero era uniformista y no contemplaba ordenamientos particulares como el foral, de modo que planteó la difícil convivencia entre fueros y constitución (UPV/EHU, OCW).

La restauración absolutista. Por el Real Decreto dado en Valencia el 4 de mayo de 1814 (Gaceta de 12 de mayo), Fernando VII se negó a jurar la Constitución y declaró nulos y de ningún valor ni efecto la Constitución y los decretos de las Cortes; disolvió las Cortes y comenzó la primera etapa absolutista de su reinado. Para el País Vasco supuso el restablecimiento expreso de los ordenamientos institucionales forales, aunque la monarquía siguió su política uniformista. El pronunciamiento de Riego (1 de enero de 1820) abrió el Trienio Liberal (1820-1823): la Constitución volvió, se crearon ayuntamientos y diputaciones constitucionales y se trasladaron las aduanas a la costa (decreto de 8 de noviembre de 1820); los realistas vascos organizaron partidas contra el régimen. La intervención francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis devolvió el poder absoluto a Fernando VII en 1823 (Riego fue ahorcado el 7 de noviembre) y las instituciones forales se recuperaron durante la última década del reinado (1823-1833).

Antecedentes de las guerras carlistas. La Pragmática Sanción, publicada el 29 de marzo de 1830, derogó la ley sálica y aseguró la sucesión en la infanta Isabel, nacida el 10 de octubre de 1830; su validez sirvió para justificar las guerras carlistas. A la muerte de Fernando VII (29 de septiembre de 1833) comenzó el reinado de Isabel II bajo la regencia de María Cristina, y el infante Carlos María Isidro, hermano del rey, se sublevó y fue proclamado rey como Carlos V. Los bandos: carlistas, en defensa del orden del Antiguo Régimen, el tradicionalismo y la religión (más tarde con el lema Dios, patria, fueros, rey), y liberales o isabelinos (cristinos), defensores del nuevo orden. En el País Vasco el mundo rural, partidario de los fueros, se alineó con don Carlos, y el urbano, con Isabel y el liberalismo.

La Primera Guerra Carlista (1833-1839/1840). En octubre de 1833 los carlistas tomaron Bilbao y se impusieron en Bizkaia, Álava y el oeste de Gipuzkoa. El coronel Tomás de Zumalacárregui, de Ormaiztegi, fue reconocido jefe por los carlistas vascos el 7 de diciembre de 1833 y reorganizó el ejército; el Convenio Elliot (27 de abril de 1835) acabó con la ejecución de prisioneros. Zumalacárregui murió el 24 de junio de 1835 por una herida recibida en el primer sitio de Bilbao. Siguió una fase de estancamiento con expediciones fuera del territorio (como la Expedición Real de 1837 hacia Madrid) y nuevos sitios de Bilbao: el general liberal Espartero lo liberó con la victoria de Luchana (24 de diciembre de 1836), que le valió el título de conde de Luchana. En la fase final, las disensiones carlistas permitieron a Rafael Maroto negociar la paz.

El final de la guerra. Espartero y los representantes de Maroto acordaron en Oñati, el 29 de agosto de 1839, el convenio que se escenificó con el abrazo de Bergara del 31 de agosto: Espartero se comprometía vagamente a recomendar al Gobierno el mantenimiento de los fueros. Muchos carlistas alaveses y navarros no lo aceptaron, y la guerra siguió en el Maestrazgo hasta la rendición de Morella (30 de mayo de 1840) y el paso de Cabrera a Francia (6 de julio de 1840). Carlos María Isidro renunció en 1845 en su hijo Carlos Luis, conde de Montemolín (Carlos VI), en cuyo nombre se libró la guerra de los Matiners (1846-1849), sobre todo en Cataluña.

Las consecuencias: la nueva foralidad liberal. La Ley de 25 de octubre de 1839 confirmó los fueros de las provincias Vascongadas y de Navarra «sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía» y previó su modificación oyendo antes a las provincias. El Real Decreto de 16 de noviembre de 1839 repuso las Juntas Generales y Diputaciones. Navarra pactó la Ley de 16 de agosto de 1841, que la convirtió de reino en provincia con un régimen propio. Para las Vascongadas, el Decreto de Espartero de 29 de octubre de 1841, dictado en Vitoria tras la «octubrada», llevó las aduanas a la costa e implantó diputaciones provinciales y justicia de régimen común; el Decreto de 4 de julio de 1844 (Pidal) restableció en parte las Juntas, las Diputaciones forales y los ayuntamientos. Hasta 1876 rigió esta neoforalidad liberal, con exención de quintas y de contribuciones, defendida por un fuerismo liberal.

La Tercera Guerra Carlista (1872-1876) y la abolición foral. Con la crisis del Sexenio, los carlistas se levantaron de nuevo en abril de 1872 y su pretendiente, Carlos VII, entró por Bera de Bidasoa el 2 de mayo, aunque fue derrotado en Oroquieta. En 1873 tomaron Estella, donde don Carlos estableció su corte, y en 1874 sitiaron Bilbao, cerco que tuvieron que levantar el 2 de mayo ante el ejército del norte que mandaba el general Serrano. Restaurada la monarquía con Alfonso XII, la toma de Estella por el general Primo de Rivera (19 de febrero de 1876) precipitó el final: ese mismo mes don Carlos volvió a Francia y la guerra se dio por concluida. La Ley de 21 de julio de 1876, firmada por Cánovas del Castillo, extendió a los habitantes de Bizkaia, Gipuzkoa y Álava los deberes de acudir al servicio de las armas y de contribuir a los gastos del Estado (art. 1), los obligó a presentar su cupo de quintas (art. 2) y a pagar las contribuciones de los presupuestos (art. 3), y autorizó al Gobierno a reformar el régimen foral (art. 4). En 1877 se disolvieron las Juntas Generales de Bizkaia.

El Concierto Económico. Como las Diputaciones no aceptaron negociar la ley, Cánovas aprobó el Real Decreto de 28 de febrero de 1878 (Gaceta de 1 de marzo), que fijó para ocho años económicos los cupos que Álava, Gipuzkoa y Bizkaia pagarían al Tesoro por cinco impuestos (inmuebles, cultivo y ganadería; industrial y de comercio; derechos reales; papel sellado y consumos). Las Diputaciones recaudaban y respondían ante el Estado. Fue el primer Concierto, un procedimiento recaudatorio provisional que se convirtió con el tiempo en un sistema tributario propio; Franco lo suprimió para Bizkaia y Gipuzkoa el 23 de junio de 1937 y solo Álava lo conservó. Tras la abolición, el fuerismo intransigente de Fidel de Sagarminaga fundó la Sociedad Euskalerria y la Unión Vasco-Navarra.

El nacimiento del nacionalismo vasco. Surge en el Bilbao de finales de siglo como reacción frente a la abolición foral y la industrialización de Bizkaia, que llevó a Bilbao de 32.000 habitantes en 1877 a 83.000 en 1900 con una inmigración masiva. Su único fundador fue Sabino Arana Goiri (Abando, 1865-1903), que publicó en 1892 Bizkaya por su independencia, acta fundacional del nacionalismo; pronunció en 1893 el discurso de Larrazabal ante fueristas de Ramón de la Sota; fundó el periódico Bizkaitarra (1893), el primer centro nacionalista, Euzkeldun Batzokija (1894), y el 31 de julio de 1895 el Bizkai Buru Batzar, origen del Partido Nacionalista Vasco, con el lema Jaungoikua eta Lagizarra (Dios y antiguas leyes). Creó la ikurriña, el nombre de Euzkadi y el himno. Su doctrina inicial se basaba en la raza y la religión católica y era antiliberal y antiespañola.

Desarrollo del nacionalismo. En 1898 los fueristas liberales de Ramón de la Sota (euskalerriacos) se integraron en el PNV y Arana fue elegido diputado provincial por Bilbao, primer éxito electoral del nacionalismo. En 1902 anunció su «evolución españolista» hacia una autonomía dentro del Estado, que no culminó por su muerte en noviembre de 1903. El partido combinó desde entonces un sector aranista radical y otro moderado: la Asamblea de 1906 fijó como objetivo la restauración foral con la abolición de la ley de 1839; se crearon los consejos territoriales y el Euzkadi Buru Batzar (1911), el diario Euskadi (1913) y el sindicato Solidaridad de Obreros Vascos (1911); entre 1916 y 1930 se llamó Comunión Nacionalista Vasca, y en 1917-1918 logró la Diputación de Bizkaia y 5 de las 6 actas vizcaínas. En 1921 se escindió el sector radical (Aberri), que se reunificó en 1930.

Claves para el examen

Truco

Tres leyes y tres números que acaban casi igual: en el 39 se confirman (Ley de 25 de octubre de 1839, tras Bergara), en el 76 se quitan (Ley de 21 de julio de 1876, tras la última guerra) y en el 78 se conciertan (Real Decreto de 28 de febrero de 1878). Para los años de Arana, suma de uno en uno desde el 92: 1892 libro, 1893 Bizkaitarra y Larrazabal, 1894 batzoki, 1895 partido.

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